El momento de la concepción… ¿existe?

Un poco de historia…

Lo que sabemos sobre fertilización y la creación de un nuevo organismo ha evolucionado mucho con el tiempo. En la antigüedad se sospechaba que “algo” tenía que ver el tener relaciones sexuales porque las mujeres que no tenían una vida sexual activa tampoco tenían hijos. En algún momento se formó un consenso de que efectivamente se requería tener relaciones sexuales, pero qué papel jugaban el hombre y la mujer era punto de discusión. Algunos decían que las mujeres solo eran, digamos, el horno donde se cocinaba un bebé, pero el hombre era quien aportaba todo el material necesario. Otros alegaban que la mujer tenía todo el material, pero necesitaba el aporte del hombre para iniciar el proceso (no pensando en espermatozoides sino “activación” del proceso, similar a prender la luz).

Finalmente se descubrieron los gametos, las células sexuales. Antoni van Leeuwenhoek fue el primero en observar espermatozoides, a los que llamó “animálculos”, alrededor de 1670.  Nicolaas Hartsoeker trabajó con Leeuwenhoek y describió lo que llamó homúnculus (pequeños hombres, en latín), creyendo que los espermatozoides ya contenían al futuro adulto. Posteriormente, en 1827, Karl Ernst von Baer identificó los ovocitos. El debate sobre cuál gameto era más importante continuó varios años.

homúnculus

Dibujo de un homúnculus hecho por Karl Enrst von Baer, que creía que los espermatozoides ya llevaban consigo a un ser humano que solo requería crecer centro de la mujer.

Mucho del conocimiento que tenemos sobre el proceso de reproducción ha sido obtenido por medio de estudios en animales, pero aun así, no se podía saber, por ejemplo, que un espermatozoide entraba a un huevo de gallina y es así que se crean los pollos. Se sabía que había gallos y algo tenían que ver pero nada más. Los huevos (que son óvulos u ovocitos) en varias especies de animales son visibles a simple vista pero los espermatozoides no.

Se realizaron inseminaciones artificiales mucho antes de haber visto el proceso de fertilización y primero fue en secreto; la primera inseminación artificial que dio como resultado un niño fue, se cree, en 1839. En este punto todavía no se sabía dónde se realiza la fertilización o qué condiciones son necesarias.

El proceso de fertilización en sí se ha ido aclarando recientemente. En 1951 se descubrió que los espermatozoides necesitan pasar por un proceso llamado “capacitación”; antes de eso no pueden entrar a un ovocito. En 1963 se realizó la primera fertilización in vitro exitosa, aunque no se logró que se lograra un embarazo. Fue hasta 1978 que nació la primera persona “creada” por medio de fertilización in vitro.

 

Entonces, ¿cuál es el momento de la fecundación?

La fecundación es la unión de los gametos, es decir, el espermatozoide y el ovocito, para crear un organismo independiente, llamado embrión. Requiere de varios pasos, y cada uno de ellos consiste en muchos procesos. No hay un “momento” tal cual; el proceso de la fecundación, desde el contacto del espermatozoide y el ovocito hasta que un embrión se forma, dura aproximadamente 24 horas y puede ser que hayan transcurrido un par de días después de que la mujer haya tenido relaciones sexuales.

Podemos dividir el proceso en varias partes y cada parte puede durar varias horas. Sólo mencionaré lo que pasa en condiciones “naturales” o sea después de una relación sexual.

Primero, el espermatozoide tiene que encontrar al óvulo. Los espermatozoides se depositan en la vagina, que tiene un pH muy bajo y podría matar a los espermatozoides; de ahí tienen que cruzar el cérvix, lo cual es un trayecto bastante complicado. Luego, pasar por todo el útero y entrar a la trompa de Falopio que lleva al ovario que ovuló.  Si entra a la otra trompa, ese espermatozoide perdió la oportunidad. Los que entran a la trompa correcta tienen que “estacionarse” esperando al ovocito en la parte superior de la trompa de Falopio. Solo ahí se puede realizar la fertilización (escribí al respecto aquí).

Por otra parte, el ovocito sale del ovario y va bajando por la trompa. Puede ser fertilizado solo una pequeña cantidad de tiempo; se va “envejeciendo” y los ovocitos viejos tienen menores posibilidad de mantener el crecimiento de un embrión. Si no se llega a encontrar al espermatozoide en el lugar indicado, el ovocito sigue de largo y bueno, el ciclo menstrual continua.

Se cree que solo hay uno o dos espermatozoides que llegan a establecer contacto cercano con el ovocito a la misma vez. En humanos no se ha podido encontrar un “quimioatrayente”, que si se ha visto en otras especies, como el erizo de mar. Este “quimoatrayente” asegura que los espermatozoides de la misma especie de erizo de mar sean los que se acerquen al óvulo. Cuando el “quimoatrayente” llega al espermatozoide, éste se comienza a acercar al ovocito y se puede ver un incremento de calcio en el espermatozoide. El calcio es crucial para poder generar la energía que se requiere para varios procesos. Este video lo muestra muy bien: https://www.youtube.com/watch?v=Yr1kE7qTS3Q.

En humano y otros mamíferos, el espermatozoide se tiene que “capacitar” por un lado, lo que causa cambios en su pared celular que le permitirán penetrar al ovocito. Y también pasa por un proceso paralelo, la hiperactivación, que incrementa el movimiento de la cola y hace que nade de forma aparentemente errática en lugar de simplemente hacia adelante. Esto también requiere de calcio.

Entonces, un espermatozoide capacitado e hipermóvil tiene que llegar a donde está el ovocito y penetrarlo. Eso no es tan fácil como suena. El ovocito está cubierto por varias capas: primero, como cualquier célula, tiene una pared celular o membrana plasmática. Cubriendo a esta membrana está lo que se llama la zona pelúcida que, entre otras cosas, tiene la función de impedir que más de un espermatozoide penetre al ovocito. Y luego, tiene otra capa arriba de esa zona pelúcida, que se llama corona radiada.

El espermatozoide puede abrirse paso por la corona radiada, pero para penetrar la zona pelúcida requiere enzimas digestivas. Éstas están en una especie de compartimento en la punta del espermatozoide, el acrosoma. Ese acrosoma tiene que abrirse para que las enzimas que contiene “abran” la zona pelúcida. Esto se llama la reacción acrosómica y para que se lleve al cabo necesita una fuerte entrada de calcio hacia el espermatozoide.

De ahí, tiene que haber un “bloqueo” para que otros espermatozoides no puedan entrar; si entra más de uno (polispermia) no se logrará crear un embrión que pueda sobrevivir. En el erizo de mar se observa primero que la membrana celular se “infla”, alejando el citoplasma de la célula y su núcleo del exterior y además hay una onda de calcio que inicia en el punto donde el espermatozoide penetra al ovocito. También se observa que los espermatozoides que estaban unidos se “sueltan”. En muchos mamíferos los espermatozoides no se “sueltan”, sino que quedan dentro de la zona pelúcida.  En este video se puede ver la membrana de fertilización, dejando el óvulo sin espermatozoides pegados y se ve la onda de calcio, observada con fluorescencia: https://www.youtube.com/watch?v=BH06WgFua_4.

En humanos, un grupo en la Universidad Northwestern observó que durante la fertilización se libera zinc, a lo que llamaron un “destello de zinc” y que puede usarse para predecir evaluar la calidad de embriones producidos por medio de fertilización in vitro; creen que los ovocitos de mejor calidad producen un “destello de zinc” más intenso. (Video: https://www.youtube.com/watch?v=b9tmOyrIlYM)

 

Entonces, ¿ya se fecundó?

Todo depende de qué consideres realmente la fecundación. La definición científica es la unión de los gametos para poder crear un nuevo organismo. La entrada del espermatozoide al óvulo es obviamente importante, pero no es justo el momento en que se crea un nuevo organismo. En este punto, tienes dos núcleos; el del espermatozoide ya es haploide (tiene la mitad de la carga genética) pero el del ovocito todavía es diploide (tiene la carga genética normal), aunque está en medio del proceso de meiosis, que es el tipo de división celular lo que lo convierte en haploide. El ovocito renauda el proceso de meioisis y se convierte en una celula haploide después de que entra el espermatozoide. El núcleo del ovocito entonces se “descondensa” (digamos que se desempaca) para poder mezclar sus genes con los del espermatozoide. En este momento pasa a llamarse “pronúcleo” y el ovocito ahora se llama óvulo.

El núcleo del espermatozoide estaba extremadamente condensado, para eficientar su transporte, asi que debe descondensarse y pasa a ser pronúcleo. Cada uno de los dos pronúcleos tiene la mitad de la carga genética que requiere un organismo.

Los pronúcleos primero están alejados y se acercan, colocándose en el centro del óvulo, ahora duplica cada quien su material genético, y sus membranas se disuelven. Aquí se crea el cigoto, es una fase muy corta que concluye con una división celular, ahora si ya de un organismo completamente nuevo, el embrión. A este momento se llega 24 horas después de que el espermatozoide entro al ovocito.

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En la imagen de la izquierda se aprecian los pronúcleos, alejados uno del otro, y en la de la derecha se ven ya juntos, a punto de crear un cigoto.

Ya formado el embrión, se comienza a dividir rápidamente hasta llegar a la etapa de blastocisto, normalmente a los cinco días. Mientras esto sucede, el embrión está todavía dentro de la zona pelúcida del óvulo.

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En la imagen de la izquierda se aprecian los pronúcleos, alejados uno del otro, y en la de la derecha se ven ya juntos, a punto de crear un cigoto.

Ahora… el embrión comienza a bajar a la vez que sus células se están dividiendo y entra al útero. El siguiente paso crucial es implantarse, es decir, penetrar el endometrio del útero para poder continuar desarrollándose. Para esto, tiene que “eclosionar”, es decir, salirse de la zona pelúcida. El lugar del endometrio donde se intente anidar o implantar debe estar libre de cicatrices (por ejemplo, de una cesárea previa), miomas u otras irregularidades, y listo para recibirlo. El embrión solo puede intentar implantarse una vez. Si no lo logra, morirá y el embarazo propiamente no iniciará.

Entonces… no hay un “momento” de fertilización sino es una serie de procesos, que culminan con la formación del cigoto o tal vez más precisamente, la formación de un embrión de dos células. Y el embarazo propiamente dicho inicia en el momento en que el embrión logra implantarse, aproximadamente una semana después de la entrada del espermatozoide al óvulo.

Como se puede ver, la fertilización e implantación son procesos muy complicados que requieren que seguramente miles de pasos funcionen correctamente. Cualquiera de ellos puede no funcionar y puede ser que por cuestiones de azar entren dos espermatozoides al ovocito, si logran entrar dentro de un cierto periodo de tiempo; o puede ser que las divisiones celulares no se realicen correctamente. O que el embrión no migre al útero dentro del tiempo que requiere. O que el embrión no emita una señal (el factor temprano del embarazo) y el cuerpo no detecte que está ahí y se produzca una menstruación. O que se intente implantar en un lugar que no es propicio.

Es difícil determinar cuántos de los embriones se pierden o mueren. El consenso era que un 30% morían. Estudios recientes usando gonadotropina coriónica humana, que es producida por el embrión después de la implantación, estiman que entre 40 y 60% de los embriones mueren desde el momento de la concepción al nacimiento. De los embarazos confirmados clínicamente, 10-15% terminan en un embarazo espontaneo. Casi todas las muertes embrionarias pasan durante el primer trimestre. En la mitad de los casos, el embrión o feto tenía anormalidades cromosómicas. La muerte embrionaria es menos común en mujeres jóvenes y se incrementa con la edad (9-17% en mujeres entre 20 y 30 años, 40% a los cuarenta años y 80% a los 45).

Es imposible saber si una mujer en particular ha tenido perdidas embrionarias. La gonadotropina coriónica humana solo puede servir para cuantificar muerte embrionaria a partir de la segunda semana de vida y aun así, muchos abortos espontáneos en este momento se pueden confundir con un ciclo menstrual que duró más de lo normal.

Dado que muchas leyes propuestas en diferentes países pueden tener consecuencias serias para mujeres que han sufrido abortos espontáneos, es importante considerar los hallazgos científicos relacionados al proceso de fertilización, que puede ayudar a entender cuáles anticonceptivos no son abortivos, lo cual puede brindar tranquilidad a personas que quieren usar métodos anticonceptivos con la seguridad de que no sean abortivos. También es importante tomar en cuenta la tasa de mortalidad embrionaria, y sus causas (en gran parte genéticas), para prevenir criminalización de un proceso que ciertamente es natural. Sobre esas leyes hablo más aquí.

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¿Acoso callejero o halagos?

¿Qué es la violencia de género? ¿Realmente afectan los piropos?

 

Recientemente participé en una discusión en línea sobre si las mujeres sufrimos acoso constante. Yo dije que sí, que es seguro que una mujer sufra acoso diario. Especialmente se estaba hablando de una chica joven. Un par de hombres decían que no, no todas y no diario, estoy yo exagerando terriblemente. Luego otras mujeres se unieron al coro, diciendo que no, como crees, no se sufre acoso diario.

Dejé de contestar porque no íbamos a ninguna parte. Pero lo que pensé después es que el problema es que no se entiende qué es acoso sexual. Y es posible que muchas de las mujeres y de los hombres que estaban diciendo que no se sufre a diario en realidad no han actualizado su definición. Así que vayamos por partes…

La violencia de género, como tal, es definida por las Naciones Unidas como «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada» (tomado de https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-women).

El acoso sexual está considerado como violencia contra la mujer. Me van a decir “espérate tantito, estamos hablando de piropos, no de violaciones”. Pero los piropos, el machismo generalizado y el sexismo crean un ambiente propicio para considerar a la mujer como un objeto, en lugar de un par, y esto repercute a nivel económico, laboral, social, familiar e incluso religioso.

El acoso sexual (y sí, llamar “mamacita” a alguien en la calle es acoso sexual) es normativo en América Latina. Es cultural y socialmente aceptado, aunque afortunadamente cada vez menos. Los hombres no ven esto como violencia, y algunas mujeres consideran que los piropos las hacen sentirse guapas. Una amiga me decía que, viviendo en el extranjero, llegó a sentirse fea o que no estaba arreglándose, porque nadie le decía piropos.

¿Qué tanto es tantito? Pues resulta que hay una escalación de esta violencia. Pensándolo como una pirámide, la base serían los piropos y chiflidos, mandar besos, hacer ruidos de jadeos, y miradas libidinosas y fijas, todo esto desde lejos. Una encuesta en Chile mostró que 90% de las mujeres ha experimentado este tipo de acoso. De ahí pasamos de nivel a comentarios sexuales bastante explícitos, con 72% de las mujeres reportando que lo han experimentado. El siguiente nivel seria seguir a las mujeres, tocarlas, hablarte al oído; 60% de las mujeres contestó que les habían hecho esto. También existe el exhibirse, masturbarse en público, con 28% de las mujeres reportándolo. Ya de ahí pasamos a que te persigan (34%), violencia física, desde restregar los genitales contra una mujer (33%), restringiendo o no sus movimientos, hasta la violación tal cual (3.4%). Otra encuesta muestran cifras más altas. Aquí pueden consultar una lista de diferentes tipos de acoso y sus consecuencias.

¿Cómo afecta esto? Limita la libertad de la mujer en muchísimos aspectos. Desde qué puedes vestir, hasta no sentirse segura caminando por la calle, especialmente a partir de cierta hora; dar rodeos para evitar calles específicas, caminar en lugar de usar el transporte público, pedir a otros (especialmente hombres) que te acompañen. También puede influir en qué clases tomar en la universidad, con qué profesores trabaja uno, si vas al doctor o no, pedir ayuda a la policía o ir al doctor en casos de violencia; tener que abandonar un trabajo si existe acoso sexual laboral. Es importante aquí notar que no es la intención (si yo solo quería decirle que está muy bonita) sino el impacto (¿hiciste que se sintiera incómoda?) lo que cuenta.

Una encuesta de Stop Street Harassment mostró, por ejemplo, que 80% de las mujeres decía que revisaba su entorno, 42% pretende estar hablando por celular, 50% cruza la calle o cambia de rumbo; 45% evita estar en la calle después de que oscurezca. En la Ciudad de México se ha visto que el acoso sexual puede provocar que se falte al trabajo o la escuela, se llegue tarde, o se cambie de trabajo (70% de las mujeres reportaron esto).

Hablaba arriba de que la normalización del acoso sexual tiene repercusiones. Se ha visto que normaliza el papel de la mujer como objeto sexual y es apoyado por los medios, tanto anuncios publicitarios, como la forma en que las conductoras de televisión tienen que verse, vestirse y actuar. La Organización Mundial de la Salud estima que el 35% de las mujeres ha sufrido violencia física o sexual. 90% de las mujeres ha sufrido algún tipo de acoso sexual callejero.

En México ha surgido una nueva modalidad de secuestro en la que el secuestrador finge ser pareja de la víctima. Es revelador que la reacción de muchos sea no creerle a la mujer y no intervenir. Esto muestra que la sociedad considera que la mujer es propiedad de su pareja y uno no debe meterse. Es realmente espeluznante.

Sé que muchos están pensando que es una exageración, que las mujeres actuales no aguantan nada, que van a sufrir cuando nadie les haga caso. Pero los datos muestran que el acoso sexual tiene consecuencias y se puede llegar al femicidio, incluyendo por parte de la pareja de la mujer (38% de los casos). Sé que los femicidios en Ciudad Juárez y los femicidios actuales suenan imposibles. Y esto es normal. A nivel psicológico, uno intenta protegerse, es una forma de decir a mí o a las mías no nos pasara porque no me visto de tal forma, no voy a tales barrios, no me emborracho, etc. Noticias sobre mujeres que fueron violentadas siendo que era de día, estaban vestidas de manera conservadora, estaban en lugares normalmente considerados seguros, se consideran excepciones, aunque tales “excepciones” en realidad no son tales.

Esto causa problemas de dos tipos: Uno, que evita que las mujeres se sientan con apoyo como para presentar denuncias ya que tanto la sociedad como la misma policía las tratarán como culpables siendo que son víctimas, en demasiados casos ni siquiera se busca al culpable y mucho menor porcentaje realmente enfrenta consecuencias legales. Y también, causa que se siga considerado que no es un problema causado por hombres, se considera que es un problema que las mujeres causan. Se nulifica el poder de decisión de los hombres, se les convierte en muñecos de trapo, marionetas manejadas por sus deseos sexuales.

La culpabilización de la víctima se explica con la creencia psicológica del “mundo justo”, como explicó el Dr. Ruiz Arias: “Al pensar que la responsabilidad es de la persona que ha sufrido la agresión, nos sentimos más seguros porque controlamos la situación y tenemos la convicción que a nosotros no nos va a pasar lo mismo”.

Los invito a reflexionar y decidir si quieren evitar pensar en el acoso sexual como algo que existe y que es experimentado por miles, millones de mujeres diariamente, o si desean conocer más al respecto. Conviértete en un aliado de las mujeres. Ayúdanos a sentirnos seguras yendo de compras a un centro comercial, caminando por las calles, tomando el metro.

Porque hay mucho que todos podemos hacer. Si ves a una mujer siendo seguida por un hombre, háblale al hombre, si eres hombre; si eres mujer, acércate a la chica que está siendo acosada, de ser posible acompáñala unos momentos. Si ves a alguien pidiendo ayuda siendo arrastrada o llevada del brazo de un hombre, créele. Aun si el hombre fuera en realidad su padre o su esposo o su hermano o quien sea, no tiene ningún derecho a llevarse a esa mujer si ella no quiere ir. Repito: ningún derecho. Nadie tiene derecho a seguir a una mujer. Nadie tiene derecho a tocarla sin su consentimiento. Nadie tiene derecho a insinuarle nada sexual ni a comentar sobre los deseos que despierta su forma de vestir o sus ojos o su forma de caminar. Nadie.

SI quieres saber más, puedes consultar información del gobierno de la Ciudad de México, incluyendo normativas internacionales y nacionales así como acciones locales. Puedes leer sobre cómo se estudia el acoso sexual en esta publicación.

 

Para conocer más sobre las actitudes actuales en Latinoamérica, por favor contesta esta encuesta y compártela con tus amigos y conocidos. Mientras más personas contesten, más representativos serán los resultados. (Nota: debido a diferentes “niveles” de acoso, las tablas son anchas y como resultado la encuesta es más fácil de contestar en laptop, desktop o Tablet que en teléfono celular).

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La pro-vida extrema

Hay un debate fuerte, en el que no entraré, sobre la diferencia entre ser realmente pro-vida (apoyar al derecho a la vida y otros derechos humanos a lo largo de la existencia de una persona) o anti-aborto (concentrar esfuerzos en la lucha contra el aborto, sin luchar por el acceso a comida, servicios básicos y demás derechos de la persona una vez nacida).

De lo que quiero hablar es de lo que pasa cuando las leyes son extremas. En algunas partes, la ley ha dado personalidad jurídica a fetos. Esto ayuda, por ejemplo, a que, si alguien matara a una mujer embarazada, se le acusara de dos homicidios en lugar de uno.

Pero el problema y donde la ciencia evidentemente no se está tomando en cuenta, es cuando los embriones tienen personalidad jurídica. Y se termina en casos como el de Sofia Vergara, la actriz, que está siendo demandada por embriones. Emma e Isabella. Y no es noticia de “Deforma”. Parte de la demanda, que se inició en Luisiana, es que no se han beneficiado de un fideicomiso que se había creado para ellas, y además se incluye el “abandono” por parte de la madre.

Hay muchas parejas que tienen embriones congelados. Leyes como las de Luisiana harían que pudieran ser demandadas estas personas por abuelos, hermanos, tíos potenciales. O más bien, por esos embriones, representados por esos parientes en ciernes.

A nivel de ciencia de la reproducción, este tipo de ley resulta bastante peligroso, porque la posibilidad de que un embrión llegue al nacimiento son bastante bajas. O sea, se están presentando demandas a nombre de “humanos previos al nacimiento” que es dudoso que llegaran a nacer aun cuando las condiciones uterinas fueran perfectas.

Es difícil confirmar cuántos embriones mueren durante el embarazo, dado que pueden morir desde el primer día después de la concepción, antes de que se pueda confirmar el embarazo por ningún método. Posteriormente, el embarazo se confirma mediante muestras de sangre donde se vea un aumento en gonadotropina coriónica humana (HCG—este aumento se nota en sangre antes de que se vea en orina, que es lo que miden las pruebas de embarazo caseras). Más adelante, se puede comprobar con ultrasonido normal o con doppler, que es cuando se escucha el corazón y se puede ver la circulación fetal.

Se considera que hasta un 70% de todos los embriones mueren antes del final del primer trimestre. Unas de esas pérdidas no se notarán, porque la madre no tiene idea de que ha estado embarazada. Otras se pueden determinar por muestras en sangre que mostrarían un “pico” de HCG, donde el nivel se eleva y luego cae. Otras son mediante ultrasonido: se ve el saco gestacional comenzando a las cuatro semanas, y que primero se ve sólo, pero podría después seguir viéndose vacío. También se puede ver el saco vitelino, que le brinda nutrientes al embrión, que también se puede ver comenzando a las 4-5 semanas. Hasta la sexta semana se puede ver al embrión. Todo esto asumiendo que el ultrasonido y el técnico de ultrasonido sean bastante buenos.

El embarazo se comienza a contar a partir del primer día del último periodo menstrual. Pero la concepción se realiza unas dos semanas después. La concepción no se realiza en el útero sino en la parte superior de las trompas de Falopio. El embrión comienza a bajar al útero y se implanta (se “mete” en el endometrio) unos seis días después de la concepción. Si el embrión llega muy pronto o muy tarde al útero, no se puede implantar ya, y muere. Si se implanta en un lugar no adecuado (una cicatriz dejada por una cesárea anterior, o donde haya miomas) tampoco podrá implantarse bien, y morirá.

La mayoría de las muertes suceden en las primeras 8-9 semanas de gestación. Un estudio, donde se confirmó embarazo mediante HCG en orina, mostró una tasa de muerte del 31%. A nivel poblacional se considera que un 10-12% de los embarazos clínicos terminarán en aborto natural. (Un embarazo clínico es cuando se tiene un incremento de HCG y el ultrasonido muestra tejido embrional, ya sea el saco, o el embrión mismo).

Los embriones mueren por muchas causas. Una es el medioambiente uterino. Las mujeres de cuarenta tienen el doble de posibilidad de sufrir un aborto natural que una mujer de veinte. Una mujer que ya ha tenido abortos naturales tiene mayores posibilidades de sufrir uno más.  También afecta fumar, beber alcohol de manera habitual, y exposición a algunos químicos. Algunas enfermedades, como el hipotiroidismo, hacen que el periodo lúteo, que mantiene el embarazo hasta que el embrión manda una señal de vida, sea muy corto, lo cual produce infertilidad (que puede ser reflejo de muerte embrionaria temprana). Otras enfermedades afectan el movimiento del embrión de la trompa de Falopio al útero, como la clamidia o posiblemente endometriosis; también se puede tener un endometrio demasiado delgado, en fin, hay muchísimas causas dadas por la madre.

Otra causa importante de muerte embrional es problemas genéticos, en su mayoría problemas cromosomales fatales, como la aneuploidía. Un individuo debe tener dos copias de cada cromosoma y los humanos tenemos 23 cromosomas. Tener sólo uno o tres tiene consecuencias que van desde la muerte hasta problemas neurológicos, anatómicos o fisiológicos. No es sentencia de muerte: hay niños que nacen con alguna trisomía, como el síndrome de Down, y pueden llevar una vida plena. Pero hay otras que causan muerte durante el embarazo.

Ciertas infecciones durante el embarazo, como la vaginosis bacteriana problemas con la anatomía o función del útero o cérvix, problemas endócrinos, diabetes gestacional, pre-eclampsia y eclampsia, pueden provocar abortos.

Ahora el problema con la pro-vida extrema no es nada más demandas frívolas que posiblemente tienen más que ver con dinero o pleito entre parejas que con el amor que se le pueda tomar a dos embriones congelados. El problema fuerte es que a mujeres se les ha metido a la cárcel por sufrir un aborto natural temprano; otras mujeres han literalmente muerto porque la ley exigía que la salud de la madre estuviera en peligro inminente. ¿Cómo se define ese peligro inminente? En los casos de mujeres que han muerto, evidentemente no se trató a la mujer a tiempo.

La muerte embrional o fetal es relativamente común. No se debe penalizar a una madre ni acusarla de abuso infantil si sufre un aborto natural. Resulta completamente ridículo desde el punto de vista biológico.

Y sobre los embriones de Sofía Vergara… ¡no creo que ninguna mujer se atrevería a ser vientre subrogado! No estaría fuera de lo posible que terminara en la cárcel o demandada por que uno o los dos embriones murieran. Yo no me arriesgaría.

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Los bebés sintéticos

"Bebé de probeta"

Los diseñadores Dolce y Gabanna crearon una controversia cuando Domenico Dolce dijo: “Naces y tienes un padre y una madre. O al menos esto debería ser así, por eso no me convencen aquellos que yo llamo ‘hijos de la química’, ‘niños sintéticos’. Úteros de alquiler, elegidos de un catálogo”. Hay que considerar que ellos son homosexuales, así que no fue un comentario homofóbico, sino más bien tradicionalista.

Obviamente son opiniones de alguien que no tiene poder a nivel legislativo, ni religioso. Pero sí representan una parte de la población que no deja de mirar con suspicacia las técnicas de reproducción asistida. Así que creo que vale poner mi grano de arena: Hay muchísimas personas en el mundo que no pueden tener hijos de forma “natural”. Muchas, por subfertilidad o infertilidad (alrededor del 25% de las parejas en edad reproductiva). Otras, porque no tienen pareja en el momento en que están preparados para tener un hijo. Otras más, porque son homosexuales y obviamente no hay padre o madre presente. Otras más, por cuestiones de salud, ya sea porque han pasado por tratamientos, como el tratamiento contra el cáncer que puede provocar infertilidad, o porque tienen alguna enfermedad que pondría en riesgo su vida en caso de embarazarse.

Hace unos meses estábamos pensando en solicitar un donativo para crear un método de selección de espermatozoides que fuera más parecido al “natural”. Una excelente justificación sería demostrar que los niños nacidos con las técnicas actuales tienen problemas fisiológicos o de aprendizaje, o del desarrollo… y no encontramos ningún artículo que mostrara resultados adversos y que fuera lo suficientemente sólido como para justificar nuestro estudio.

A nivel biológico, no se ha encontrado ninguna diferencia significativa entre los niños nacidos por medio de técnicas de reproducción asistida. Obviamente no son “sintéticos”. Son tan humanos como tú o yo. Algunos reportes sí muestran diferencias, pero no es posible diferenciar si es causado por  las técnicas, la edad de los padres, o por la misma infertilidad, o por alguna otra razón de salud. La forma óptima de demostrarlo sería tener un grupo de mujeres jóvenes y completamente fértiles y sanas, cuyas parejas fueran igualmente jóvenes y fértiles y sanos, y separarlas al azar entre las que utilizarían alguna técnica de reproducción asistida y otras que se embarazarían de forma “natural”. Como se podrán imaginar, tal grupo no existe… nadie usa técnicas de reproducción asistida por capricho.

Creo que nadie puede juzgar a una pareja que decide usar una técnica de reproducción asistida para tener un hijo biológico. Mucho menos se puede juzgar al hijo. Todo el proceso, desde sospechar que uno es subfértil o infértil, hasta el nacimiento del deseado hijo, es extremadamente estresante. Ese estrés puede llevar a un círculo vicioso, previniendo el mismo embarazo. Comúnmente se llega a la decisión de utilizar un embarazo subrogado cuando la mujer no sólo no puede concebir, sino que no podría tampoco soportar el embarazo. El embarazo subrogado también es estresante para los padres biológicos, porque el estilo de vida, el cuidado prenatal, la alimentación, etc., de la madre subrogada juegan un papel importantísimo y sin embargo los padres biológicos no pueden tener el control que desearían o el que ellos tendrían en caso que la madre biológica sí fuera la embarazada.

Es muy fácil decir “pues que adopten y ya” pero quien lo dice no sabe lo que conlleva una adopción, no tanto a nivel psicológico, sino burocrático. Pueden pasarse años esperando y terminar con los brazos vacíos. Uno puede decidir qué hacer en su caso particular. Pero el invadir la privacidad de otros es muy dañino y nada benéfico. Como sociedad, debemos evitar inmiscuirnos de esta forma en las vidas ajenas… si no vas a ayudar, por lo menos no estorbes.

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El Frankenstein moderno

Mary Shelley, además de enriquecer la literatura del horror, creó la idea de que la ciencia puede ser tremendamente dañina. El monstruo de Frankenstein, creado con la mejor intención y ciencia avanzada, termina siendo un asesino triste.

An 8-cell embryo. Picture taken by Dr. Maineke, Hanover, Germany.

Las técnicas de reproducción asistida son recibidas muchas veces con el mismo recelo con el que recibiríamos al monstruo de Frankenstein. Especialmente cuando se trata de “jugar” con los genes y peor, añadir a una tercera persona en la mezcla. Estoy pensando específicamente en dos situaciones: una, cuando se hace trasplante de mitocondrias durante la fecundación in vitro y dos, cuando se trasplantan órganos completos.

Las mitocondrias son los organelos que producen energía en las células. Además, las mitocondrias tienen material genético; menos que el que está en el núcleo y no tiene impacto en la apariencia de la persona. Y se heredan sólo por la parte materna: a pesar de que el espermatozoide tiene mitocondrias, éstas son inactivadas y destruidas después de que el espermatozoide entra al ovocito. Las mitocondrias en el espermatozoide le permiten obtener energía para poder nadar y transportarse hasta las trompas de Falopio; en el ovocito, son importantes no sólo para el desarrollo del ovocito mismo, sino del embrión y posteriormente, de la persona en quien se convierte el embrión. Un ovocito con mitocondrias deficientes posiblemente no  podrá ser fecundado o el embrión podría morir muy pronto. Es posible que una persona tenga mitocondrias dañadas en algunas células; este daño a las mitocondrias es producto de mutaciones espontáneas y se considera que 1 de cada 5,000 a 10,000 personas tiene alguna enfermedad mitocondrial. Dependiendo de qué células sean, podrá tener dolor y/o debilidad muscular, enfermedades gastrointestinales, crecimiento deficiente, enfermedades del hígado, diabetes, epilepsia, problemas en el sistema endócrino, respiratorio, en el cerebro, etc.

Si una mujer tiene alguna enfermedad mitocondrial, es posible que no pueda tener hijos o que esos hijos tengan enfermedades debilitantes y sin cura. La mejor opción hasta el momento es que se tome un ovocito de una mujer sana y se le quite el núcleo; ese núcleo se reemplaza con el núcleo de un ovocito de la mujer con enfermedad mitocondrial que quiere ser madre. Ese ovocito, que tendrá genes nucleares de una persona y mitocondriales de otra, se fecunda in vitro con un espermatozoide. Al final, los embriones resultantes tendrían genes de tres personas: genes en el núcleo, del padre y la madre, más los mitocondriales de la donadora. Esto de hecho se intentó hace varios años pero no tan específicamente; lo que se hizo fue trasferir un poco de material del citoplasma  del ovocito (el “líquido” en la célula, que incluye mitocondrias) y se vio que incrementaba la posibilidad de lograr un embarazo. Hay unos cuantos adolescentes que deben su vida a esta técnica. Y no, ninguno es un monstruo ni tiene ninguna característica que muestre que tiene tres padres (o incluso una “persona genéticamente modificada”). Actualmente se sabe exactamente cuál era el problema en esos casos (la mitocondria, no el citoplasma) y se tienen las técnicas para hacerlo. No se está realizando rutinariamente, pero podría usarse como el método de preferencia para mujeres con enfermedades mitocondriales. Por el momento se está debatiendo en varios niveles, incluyendo los éticos (¿es un tipo de eugenesia? ¿Qué derechos tiene, en su caso, la donadora de mitocondrias?) así como los médicos (¿Qué efecto tiene en la persona a nivel genético? ¿Qué rasgos físicos o de personalidad podrían ser influenciados? ¿Qué riesgos presenta?) Otro reto, nada sencillo, que se tiene es cómo presentarlo a la población sin ocasionar espanto.

En cuanto al trasplante de tejido, hay dos tipos y ambos son menos similares a Frankenstein, y, por lo tanto, tal vez sean más fáciles de aceptar para la población en general: trasplante de tejido de los ovarios y trasplante de útero, ambos en fase experimental. En 2005 nació el primer bebé (una nena) después de un trasplante de tejido ovárico. Esto sólo se ha logrado con hermanas gemelas idénticas, y las razones van desde que la mujer haya pasado por menopausia extremadamente prematura (a los 14 años en un caso) o debido a algunas enfermedades que afecten los ovarios. Otros casos de trasplante de ovario exitoso han sido cuando a una mujer que va a ser sometida a quimioterapia o trasplante de otro órgano y hay posibilidad de que el tratamiento cause infertilidad, se le quita el ovario antes del tratamiento y se le regresa cuando ya terminó. Hasta la fecha, han sido demasiados pocos casos como para poder estimar las posibilidades de éxito, pero se ha logrado que el embarazo sea natural, sin tratamiento hormonal ni fertilización in vitro. Los resultados de cualquier manera son muy esperanzadores y el tejido no parece tener un tiempo de “caducidad” muy corto: una mujer pudo embarazarse de manera natural dos veces después de haber recibido un trasplante de tejido ovárico.

En cuanto al trasplante de útero, se ha logrado con donadoras que han sido desde parientes inmediatas (la madre) pero también con mujeres sin parentesco entre sí. Las mujeres que utilizarían esta técnica son aquéllas que nacieron sin útero o cuyo útero es dañado por cáncer u otra enfermedad. En los pocos casos reportados, los embarazos se han logrado mediante fertilización in vitro (con ovocitos de la madre que finamente quedará embarazada). El primer nacimiento después de un trasplante de útero fue en septiembre del 2014, así que esta técnica está en sus inicios. No deja de tener los mismos riesgos que el trasplante de cualquier otro órgano.

Las parejas que enfrentan este tipo de situaciones tienen que plantearse opciones muy difíciles incluyendo cuánto tiempo o qué tanto esfuerzo realizarán… en qué momento es preferible decidirse por no tener hijos, o adoptarlos. Ustedes, ¿se han planteado que harían o qué hubieran hecho en el caso de que tenga problemas de fertilidad o por alguna enfermedad sean necesarias medidas extraordinarias para lograr un embarazo?

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