¿Cómo era la sexualidad en la época de las cavernas?

La sexualidad humana se estudia desde muchos tipos de vista y uno de ellos es el de la psicología evolutiva. De manera un poco similar a la biología, la idea es que conductas (en el caso de la biología, procesos) que son cruciales para la continuidad de un organismo o población se mantendrán a través de la evolución y los siglos, y las especies más parecidas tendrán conductas similares. Así que se pueden sacar algunas hipótesis o conclusiones con base a cómo nos comportamos ahora y cómo se comportan otros animales actuales.

 

Obviamente es imposible saber a ciencia cierta si verdaderamente existió lo que nos mostraron de chicos: el hombre de las cavernas con su garrote en manos y la mujer completamente sometida. Pero se pueden formular hipótesis y determinar qué tan probable es que nuestros antepasados se hubieran comportado de equis o ye forma. También es importante ver para qué sirve tal conducta.

 

Por ejemplo, una hipótesis es que todas las personas “desean” (aunque sea inconscientemente) transmitir sus genes. Mientras más descendientes, mejor. Pero una diferencia bastante obvia entre los sexos es que el hombre puede transmitir sus genes “a ciegas”, es decir, puede asegurarse de que tendrá suficientes descendientes, aunque literalmente nunca los vea, siendo promiscuo. Sólo se requiere la interacción con la posible madre unos momentos y ya. A las mujeres, por otro lado, les cuesta mucho más en cuestión de energía, tiempo y salud, tener cada uno de sus hijos. Así que ellas serían más cuidadosas al momento de elegir la pareja para cada uno de los hijos.

 

Una cosa es el padre de los hijos y el otro, la pareja de la mujer. Han hecho estudios en pájaros “socialmente monógamos”, que se aparean de por vida y cuidan a los hijos entre ambos. Resulta que el pajarito macho que está en el nido ayudando a empollar los huevos y a alimentar a las crías, no es siempre el padre biológico de los “hijos”. La explicación que han encontrado es que, como estos pájaros viven en territorios muy separados, la población es pequeña, así que es una manera de “importar” genes a esa población para evitar altos niveles de consanguineidad. Si la consanguineidad es alta, entonces la probabilidad de que genes recesivos que produzcan enfermedades se junten y la enfermedad se produzca. En general se considera que los genes dominantes son benéficos y los recesivos dañinos; para que los recesivos actúen necesitan estar ambos presentes. Esto sí sucede en poblaciones humanas aisladas; por ejemplo en grupos similares a los de los menonitas hay enfermedades o malformaciones cardiacas, retraso mental, etc.

 

En los humanos, algunos estudios muestran que, cuando las mujeres están en su periodo más fertil (justo antes y durante la ovulación), encuentran más atractivos a hombres con facciones “masculinas” y el resto del ciclo, pero sobre todo en la fase que sigue a la ovulación, donde predomina la progesterona, encuentran más atractivos a los hombres con facciones más “femeninas”. Estos estudios los han hecho con actores famosos y también con la misma cara de hombre, pero modificándola con programas de computación. Lo que se cree es que para una mujer es vital tener una pareja que ayude a la crianza de sus hijos, aunque sea tan sólo con el sustento; para esa pareja se eligiría a alguien leal y confiable. Pero ese alguien leal y confiable no necesariamente tendrá los mejores genes, así que de manera similar a los pájaros que mencionaba, no todos los padres “de oficio” son los biológicos.

 

En el 2005 se publicaron los resultados de un estudio en el que revisaron tests de paternidad y descubrieron que 3.7% (aproximadamente 1 en 25) de los padres cría a hijos de otro hombre. Los investigadores creen que en realidad el porcentaje puede ser mucho mayor; por ejemplo, ese hombre que está criando hijos ajenos, posiblemente tenga hijos que son criados por alguien más y así continuaría la cadenita.

 

Otros estudios antropológicos indican que nuestros antepasados vivían en grupos pequeños. De ser así, efectivamente enfrentarían el mismo peligro genético que las poblaciones aisladas actuales. Y una forma de mantener un pequeño grupo unido pero sin defectos o enfermedades mayores, sería precisamente la “importación” de genes… ¿Qué opinan?

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