Embarazo de alto riesgo

Aun el embarazo más sano es una condición pesada para cualquier mujer. Requiere de cambios hormonales increíbles, tanto durante el embarazo como durante el parto, de producir más sangre, llevar a cuestas 20 kilos (o más) concentrados en un sólo punto, con lo que cambia el centro de gravedad y se pierde levemente el equilibrio, además de que el cambio en volumen hace que la mujer se tropiece con facilidad. La lista es muy larga y no es la intención de este mensaje, pero si desean en otro mensaje hablamos de ello.

 

Tuve un maestro (que era médico, por cierto) que decía que “sólo a las mujeres de clase alta les duele el parto” y que “el embarazo y el parto son naturales, no se debería tener miedo a ellos y además no merecen tanto escándalo”. Las cifras contradicen completamente estas creencias. Sí, el embarazo y el parto son naturales. Pero la evolución del hombre se preocupa por la sobrevivencia de la especie, no de un individuo en particular. Las mujeres no fueron hechas para sobrevivir con certeza el embarazo y el parto. Según datos de la ONU, a diario mueren 800 mujeres por causas prevenibles durante el embarazo o parto. 99% de la mortalidad materna es en países en vías de desarrollo (240 mujeres por cada 100,000 nacidos vivos, en comparación con 16 en países desarrollados), así como en zonas rurales y pobres. El riesgo de muerte por causas relacionadas al embarazo y parto (probabilidad de que una mujer de 15 años muera por una causa materna en algún momento de su vida) en un país en vías de desarrollo es de 1 en 150, mientras que en países desarrollados es de 1 en 3800. También mencionan que  la atención especializada puede salvar la vida de estas mujeres.

 

No todas las muertes maternas están relacionadas a embarazos de alto riesgo, muchas son debido a hemorragias graves e infecciones, principalmente postparto; preeclamsia y abortos “caseros”. Los bebés también tienen riesgo de muerte: se estima que cada año mueren 3 millones de recién nacidos y 2.6 millones antes de nacer. El “alto riesgo” significa que hay algún factor de riesgo para el bebé o la madre que pudiera afectar el desarrollo del embarazo. Es posible que se requiera cuidado especial, un seguimiento más cercano, con más exámenes y posiblemente medicamentos específicos.

 

En un embarazo de alto riesgo, se habla de factores previos al embarazo actual y factores que surgen durante el embarazo. Si la mujer sabe que tiene una enfermedad crónica o que un embarazo anterior tuvo complicaciones, óptimamente debería consultar al ginecólogo antes de embarazarse y si esto no es posible, hacerlo en cuanto sospeche que está embarazada.

 

Entre los factores de riesgo previos está enfermedad de la tiroides, ya sea hipo o hipertiroidismo. Éste es uno de los casos en que la mujer debe acudir al médico cuanto antes, porque hay peligro de aborto espontáneo temprano. Otro factor es la edad de la madre. Si la madre tiene menos de 15, tiene mayores probabilidades de desarrollar preeclamsia y también es más probable que el bebé tenga bajo peso al nacimiento. En madres mayores a los 35 (al parto) es más factible que se presente hipertensión, diabetes, miomas o fibromas, y problemas al parto. La posibilidad de tener un hijo con síndrome de Down (que conlleva varios problemas de salud) se incrementa mucho a partir de los 35.

 

Una mujer muy delgada (índice de masa corporal menor a 18.5) antes del embarazo tiene mayores posibilidades de que el parto sea prematuro y que su bebé tenga bajo peso o sea muy pequeño al nacer. Esta probabilidad se incrementa si la madre no subió bien de peso – generalmente se recomienda que la mujer suba 11-16 kilos durante el embarazo, si estaba en un peso saludable, pero en el caso de las mujeres muy delgadas, se recomiendan de 13 a 18 kilos. Una mujer pasada de peso podría tener un bebé muy grande de peso y tamaño, lo que puede complicar el parto, además de tener más probabilidades de desarrollar diabetes gestacional e hipertensión.

 

Las enfermedades crónicas que se consideran factores de riesgo incluyen: lupus, diabetes, hipertensión, enfermedad renal, problemas cardiacos, tiroides y problemas de coagulación de la sangre. De éstas, el lupus y las enfermedades renales presentan un muy alto riesgo. La diabetes y enfermedades de la tiroides pueden ser controlada exitosamente, pero requieren monitoreo médico frecuente. Otros factores de riesgo son anatómicos o estructurales, como el que el útero no esté bien posicionado, que el cérvix no sea lo suficientemente fuerte, la presencia de fibromas uterinos, etc.

 

Un factor que conlleva un riesgo muy alto es el haber sufrido previamente un aborto espontáneo. (Nota: no se ha encontrado lo mismo con abortos inducidos, a menos que hayan tenido complicaciones severas, como en el caso de los abortos “caseros”). Si una mujer ya ha sufrido tres veces de abortos espontáneos en el primer trimestre, tiene una probabilidad del 35% de sufrir otro en el embarazo actual. Igualmente, se incrementa el riesgo de un aborto espontáneo o labor de parto prematura, si la mujer sufrió abortos espontáneos en el segundo y tercer trimestre, así como labor de parto prematura. En este caso específico, muchos doctores recomiendan realizar estudios para detectar problemas cromosomales u hormonales, así como defectos uterinos o cervicales, trastornos del tejido conectivo (como el lupus) o problemas inmunes provenientes de incompatibilidad del factor Rh en sangre.

 

Además es posible que un embarazo comience muy sano y se convierta en un embarazo de alto riesgo. Algunos medicamentos y drogas pueden causar problemas al nacimiento. Entre los medicamentos que pueden presentar peligro para el desarrollo del bebé están litio, tetraciclina, estreptomicina y warfarina. También algunas enfermedades pueden provocar defectos al nacimiento, como  la rubeola, varicela, hepatitis viral, herpes simple, influenza, sarampión y toxoplasmosis. Otras infecciones, como infecciones de la vejiga o riñones, o infecciones vaginales bacterianas, pueden causar rompimiento de membranas y parto prematuros. La fiebre (más de 40 C) producida por enfermedades puede incrementar el riesgo de aborto espontáneo en el primer trimestre, así como de problemas del sistema nervioso en el bebé; en el tercer trimestre, puede inducir labor de parto prematura.

 

Se ha comprobado ampliamente que la nicotina, ya sea consumida directamente, o por medio de contacto con fumadores, está directamente relacionada a bajo peso al nacimiento (mientras más fume la madre, menor será el peso), así como desprendimiento de placenta, parto prematuro e infecciones uterinas. El alcohol incrementa la posibilidad de sufrir un aborto espontáneo y bajo peso al nacimiento. Si la madre abusó del alcohol, el bebé puede nacer con síndrome de alcoholismo fetal, que causa una variedad de síntomas que incluyen un crecimiento deficiente tanto en útero como después de nacer; retraso en el desarrollo y deficiencias en pensamiento, lenguaje, movimiento y habilidades sociales y anomalías cardiacas.

 

En embarazos de alto riesgo, se habla de daños al desarrollo del bebé por una parte y por la otra, de una labor de parto prematura. Esto trae consigo riesgo de parto prematuro, sufrimiento fetal, nacimiento de un bebé prematuro sin que sus pulmones y otros órganos y sentidos hayan madurado adecuadamente. El bajo peso al nacimiento, que sería inevitable con un parto prematuro, es un factor de riesgo alto para muchos trastornos del desarrollo y enfermedades.

 

La labor de parto prematura no termina necesariamente en un parto prematuro. Algunas de las causas de labor prematura son que el bebé esté en posición inadecuada (por ejemplo, sentado), desprendimiento de placenta, hipertensión, fiebre muy alta, exceso de líquido amniótico, que la madre haya tenido una cirugía uterina anteriormente, estrés agudo, defectos estructurales del útero o cérvix, embarazo múltiple, neumonía, infección en vías urinarias, útero o vagina, y apendicitis.

 

Otro problema es un embarazo prolongado. Si bien un bebé normalmente comienza a mandar señales a la madre de que está listo para nacer, es posible que esta comunicación sea deficiente. Un embarazo que se prolongue más allá de las 42 semanas trae consigo un riesgo triplicado de muerte del bebé. A partir de la semana 39-40, muchos médicos realizan un monitoreo diario de los latidos del corazón del bebé y ultrasonidos constantes, para verificar que el bebé no muestre sufrimiento fetal y que las membranas y la placenta estén funcionando correctamente.

 

El embarazo, entonces, sí es un estado natural y no se debe temer, pero también es necesario cuidarse durante el embarazo y el parto, acudiendo al médico (o partera) para monitorear que el desarrollo del bebé, del embarazo y del parto sean lo más saludables posible.

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