¿Por qué existe la monogamia?

Hace unos años, se pensaba que en la mayoría (90%) de las especies de pájaros las parejas se formaban y duraban toda la vida, es decir, eran monógamas, y por lo tanto, se ponían como ejemplo de romanticismo. El cual se rompió cuando los estudios genéticos demostraron que eran “socialmente” monógamos, pero no sexualmente. Es decir: los pájaros sí comparten un nido con sólo una pareja. Se piensa que esto ayuda a la sobrevivencia de los polluelos, ya que ambos padres comparten la incubación de los huevos y el traer comida a los polluelos. Pero eso no impide que el pájaro tenga hijos con otra pájara y que algunos de los polluelos que él cría como propios sean de otro macho. Ahí acabó el romanticismo…

 

En mamíferos la cosa está peor. Sólo cerca de 9% de las especies de mamíferos son socialmente monógamas. Se cree que en parte es porque en mamíferos sólo la hembra puede gestar y amamantar a los hijos, entonces la presencia del padre no es indispensable para estos menesteres. Para el macho, sin embargo, sigue siendo importante transmitir sus genes. Pero hay que recordar que eso no se logra simplemente apareándose con múltiples hembras: no sólo procrear hijos es necesario, sino también asegurarse de que sobrevivan.

 

Acaban de publicarse los resultados de dos estudios que intentan explicar la monogamia en mamíferos. Por una parte, un grupo de la Universidad de Cambridge estudió todo tipo de mamíferos y concluyó que las especies socialmente monógamas son aquéllas donde las hembras no viven en grupos, sino aisladas. La distancia entre hembras le dificulta al macho ir de una a otra y además, en lo que él estuviera lejos, otro macho podría llegar con “su” hembra. Entonces a final de cuentas puede tener más crías sobrevivientes quedándose con una sola hembra.

 

El otro grupo, también inglés, pero de University College en Londres, hizo un estudio en primates y concluyó que la monogamia surgió como una respuesta al infanticidio. Éste se refiere a que un macho llega con una hembra que ya tiene crías y las mata; eso hace que la hembra vuelva a entrar en celo y ahora tendrá crías, pero del segundo macho. Como consecuencia, dice este grupo, el infanticidio es muy bajo en las especies socialmente monógamas. Posiblemente ambas cosas, el infanticidio y las distancias entre hembras, hayan jugado un papel importante.

 

Una tercera teoría, de un grupo en la Universidad de Tennessee,  explica la monogamia en humanos en base a selección sexual. Esto se refiere a cómo las hembras seleccionan a los machos, como el caso del pavorreal con la cola más larga. En humanos se cree que en algún momento se pasó de elegir al “mejor” a nivel genético para elegir a la mejor pareja, es decir, al hombre que ofrece seguridad y sustento para los hijos. Esto se ha visto con estudios donde han demostrado que cerca de la ovulación, las mujeres consideran más atractivos a hombres muy masculinos, que en teoría tendrían los mejores genes. Sin embargo, en otros periodos del ciclo prefieren hombres con rasgos más femeninos, que serían la pareja ideal: leal y protector.

 

De cualquier manera la monogamia humana es complicada. Sólo 17% de las culturas humanas exige la monogamia, mientras que la mayoría practica tanto poligamia como monogamia. La poligamia normalmente consiste en un hombre con varias mujeres, pero también hay casos de una mujer con varios hombres, lo que se llama poliginia. En la antigüedad, además, se aceptaba como normal la infidelidad, siempre y cuando no se tuviera una concubina “formal”. En la actualidad, en muchos casos de poligamia, las familias se conocen y viven cerca o incluso en la misma casa. También existe la doble familia, tratándose generalmente de hombres que tienen dos familias separadas. Por otra parte, tampoco en humanos la monogamia social es igual a monogamia sexual. Se estima que hasta un 10% de los hijos no son del padre que los cría creyendo que sí lo son.

 

A nivel mundial, los hombres más infieles viven en los países africanos al sur del Sahara, especialmente Togo, donde 37% de los hombres aceptó haber sido infiel durante el año anterior. Los siguientes son los latinoamericanos, especialmente los dominicanos, con un 25%. Los menos infieles son los australianos, con el 2.5%. Los franceses, pese a la fama, también son bastante fieles (3.8% de los hombres casados y 2% de las mujeres casadas aceptan haber sido infieles durante el año anterior, esto es similar a lo que contestaron los estadounidenses).

 

Y claro, por si no fuera poco, todo depende de cómo se defina el ser o no infiel… 

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Archivado bajo Fidelidad e infidelidad, Sexualidad

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