La pro-vida extrema

Hay un debate fuerte, en el que no entraré, sobre la diferencia entre ser realmente pro-vida (apoyar al derecho a la vida y otros derechos humanos a lo largo de la existencia de una persona) o anti-aborto (concentrar esfuerzos en la lucha contra el aborto, sin luchar por el acceso a comida, servicios básicos y demás derechos de la persona una vez nacida).

De lo que quiero hablar es de lo que pasa cuando las leyes son extremas. En algunas partes, la ley ha dado personalidad jurídica a fetos. Esto ayuda, por ejemplo, a que, si alguien matara a una mujer embarazada, se le acusara de dos homicidios en lugar de uno.

Pero el problema y donde la ciencia evidentemente no se está tomando en cuenta, es cuando los embriones tienen personalidad jurídica. Y se termina en casos como el de Sofia Vergara, la actriz, que está siendo demandada por embriones. Emma e Isabella. Y no es noticia de “Deforma”. Parte de la demanda, que se inició en Luisiana, es que no se han beneficiado de un fideicomiso que se había creado para ellas, y además se incluye el “abandono” por parte de la madre.

Hay muchas parejas que tienen embriones congelados. Leyes como las de Luisiana harían que pudieran ser demandadas estas personas por abuelos, hermanos, tíos potenciales. O más bien, por esos embriones, representados por esos parientes en ciernes.

A nivel de ciencia de la reproducción, este tipo de ley resulta bastante peligroso, porque la posibilidad de que un embrión llegue al nacimiento son bastante bajas. O sea, se están presentando demandas a nombre de “humanos previos al nacimiento” que es dudoso que llegaran a nacer aun cuando las condiciones uterinas fueran perfectas.

Es difícil confirmar cuántos embriones mueren durante el embarazo, dado que pueden morir desde el primer día después de la concepción, antes de que se pueda confirmar el embarazo por ningún método. Posteriormente, el embarazo se confirma mediante muestras de sangre donde se vea un aumento en gonadotropina coriónica humana (HCG—este aumento se nota en sangre antes de que se vea en orina, que es lo que miden las pruebas de embarazo caseras). Más adelante, se puede comprobar con ultrasonido normal o con doppler, que es cuando se escucha el corazón y se puede ver la circulación fetal.

Se considera que hasta un 70% de todos los embriones mueren antes del final del primer trimestre. Unas de esas pérdidas no se notarán, porque la madre no tiene idea de que ha estado embarazada. Otras se pueden determinar por muestras en sangre que mostrarían un “pico” de HCG, donde el nivel se eleva y luego cae. Otras son mediante ultrasonido: se ve el saco gestacional comenzando a las cuatro semanas, y que primero se ve sólo, pero podría después seguir viéndose vacío. También se puede ver el saco vitelino, que le brinda nutrientes al embrión, que también se puede ver comenzando a las 4-5 semanas. Hasta la sexta semana se puede ver al embrión. Todo esto asumiendo que el ultrasonido y el técnico de ultrasonido sean bastante buenos.

El embarazo se comienza a contar a partir del primer día del último periodo menstrual. Pero la concepción se realiza unas dos semanas después. La concepción no se realiza en el útero sino en la parte superior de las trompas de Falopio. El embrión comienza a bajar al útero y se implanta (se “mete” en el endometrio) unos seis días después de la concepción. Si el embrión llega muy pronto o muy tarde al útero, no se puede implantar ya, y muere. Si se implanta en un lugar no adecuado (una cicatriz dejada por una cesárea anterior, o donde haya miomas) tampoco podrá implantarse bien, y morirá.

La mayoría de las muertes suceden en las primeras 8-9 semanas de gestación. Un estudio, donde se confirmó embarazo mediante HCG en orina, mostró una tasa de muerte del 31%. A nivel poblacional se considera que un 10-12% de los embarazos clínicos terminarán en aborto natural. (Un embarazo clínico es cuando se tiene un incremento de HCG y el ultrasonido muestra tejido embrional, ya sea el saco, o el embrión mismo).

Los embriones mueren por muchas causas. Una es el medioambiente uterino. Las mujeres de cuarenta tienen el doble de posibilidad de sufrir un aborto natural que una mujer de veinte. Una mujer que ya ha tenido abortos naturales tiene mayores posibilidades de sufrir uno más.  También afecta fumar, beber alcohol de manera habitual, y exposición a algunos químicos. Algunas enfermedades, como el hipotiroidismo, hacen que el periodo lúteo, que mantiene el embarazo hasta que el embrión manda una señal de vida, sea muy corto, lo cual produce infertilidad (que puede ser reflejo de muerte embrionaria temprana). Otras enfermedades afectan el movimiento del embrión de la trompa de Falopio al útero, como la clamidia o posiblemente endometriosis; también se puede tener un endometrio demasiado delgado, en fin, hay muchísimas causas dadas por la madre.

Otra causa importante de muerte embrional es problemas genéticos, en su mayoría problemas cromosomales fatales, como la aneuploidía. Un individuo debe tener dos copias de cada cromosoma y los humanos tenemos 23 cromosomas. Tener sólo uno o tres tiene consecuencias que van desde la muerte hasta problemas neurológicos, anatómicos o fisiológicos. No es sentencia de muerte: hay niños que nacen con alguna trisomía, como el síndrome de Down, y pueden llevar una vida plena. Pero hay otras que causan muerte durante el embarazo.

Ciertas infecciones durante el embarazo, como la vaginosis bacteriana problemas con la anatomía o función del útero o cérvix, problemas endócrinos, diabetes gestacional, pre-eclampsia y eclampsia, pueden provocar abortos.

Ahora el problema con la pro-vida extrema no es nada más demandas frívolas que posiblemente tienen más que ver con dinero o pleito entre parejas que con el amor que se le pueda tomar a dos embriones congelados. El problema fuerte es que a mujeres se les ha metido a la cárcel por sufrir un aborto natural temprano; otras mujeres han literalmente muerto porque la ley exigía que la salud de la madre estuviera en peligro inminente. ¿Cómo se define ese peligro inminente? En los casos de mujeres que han muerto, evidentemente no se trató a la mujer a tiempo.

La muerte embrional o fetal es relativamente común. No se debe penalizar a una madre ni acusarla de abuso infantil si sufre un aborto natural. Resulta completamente ridículo desde el punto de vista biológico.

Y sobre los embriones de Sofía Vergara… ¡no creo que ninguna mujer se atrevería a ser vientre subrogado! No estaría fuera de lo posible que terminara en la cárcel o demandada por que uno o los dos embriones murieran. Yo no me arriesgaría.

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