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Los bebés sintéticos

"Bebé de probeta"

Los diseñadores Dolce y Gabanna crearon una controversia cuando Domenico Dolce dijo: “Naces y tienes un padre y una madre. O al menos esto debería ser así, por eso no me convencen aquellos que yo llamo ‘hijos de la química’, ‘niños sintéticos’. Úteros de alquiler, elegidos de un catálogo”. Hay que considerar que ellos son homosexuales, así que no fue un comentario homofóbico, sino más bien tradicionalista.

Obviamente son opiniones de alguien que no tiene poder a nivel legislativo, ni religioso. Pero sí representan una parte de la población que no deja de mirar con suspicacia las técnicas de reproducción asistida. Así que creo que vale poner mi grano de arena: Hay muchísimas personas en el mundo que no pueden tener hijos de forma “natural”. Muchas, por subfertilidad o infertilidad (alrededor del 25% de las parejas en edad reproductiva). Otras, porque no tienen pareja en el momento en que están preparados para tener un hijo. Otras más, porque son homosexuales y obviamente no hay padre o madre presente. Otras más, por cuestiones de salud, ya sea porque han pasado por tratamientos, como el tratamiento contra el cáncer que puede provocar infertilidad, o porque tienen alguna enfermedad que pondría en riesgo su vida en caso de embarazarse.

Hace unos meses estábamos pensando en solicitar un donativo para crear un método de selección de espermatozoides que fuera más parecido al “natural”. Una excelente justificación sería demostrar que los niños nacidos con las técnicas actuales tienen problemas fisiológicos o de aprendizaje, o del desarrollo… y no encontramos ningún artículo que mostrara resultados adversos y que fuera lo suficientemente sólido como para justificar nuestro estudio.

A nivel biológico, no se ha encontrado ninguna diferencia significativa entre los niños nacidos por medio de técnicas de reproducción asistida. Obviamente no son “sintéticos”. Son tan humanos como tú o yo. Algunos reportes sí muestran diferencias, pero no es posible diferenciar si es causado por  las técnicas, la edad de los padres, o por la misma infertilidad, o por alguna otra razón de salud. La forma óptima de demostrarlo sería tener un grupo de mujeres jóvenes y completamente fértiles y sanas, cuyas parejas fueran igualmente jóvenes y fértiles y sanos, y separarlas al azar entre las que utilizarían alguna técnica de reproducción asistida y otras que se embarazarían de forma “natural”. Como se podrán imaginar, tal grupo no existe… nadie usa técnicas de reproducción asistida por capricho.

Creo que nadie puede juzgar a una pareja que decide usar una técnica de reproducción asistida para tener un hijo biológico. Mucho menos se puede juzgar al hijo. Todo el proceso, desde sospechar que uno es subfértil o infértil, hasta el nacimiento del deseado hijo, es extremadamente estresante. Ese estrés puede llevar a un círculo vicioso, previniendo el mismo embarazo. Comúnmente se llega a la decisión de utilizar un embarazo subrogado cuando la mujer no sólo no puede concebir, sino que no podría tampoco soportar el embarazo. El embarazo subrogado también es estresante para los padres biológicos, porque el estilo de vida, el cuidado prenatal, la alimentación, etc., de la madre subrogada juegan un papel importantísimo y sin embargo los padres biológicos no pueden tener el control que desearían o el que ellos tendrían en caso que la madre biológica sí fuera la embarazada.

Es muy fácil decir “pues que adopten y ya” pero quien lo dice no sabe lo que conlleva una adopción, no tanto a nivel psicológico, sino burocrático. Pueden pasarse años esperando y terminar con los brazos vacíos. Uno puede decidir qué hacer en su caso particular. Pero el invadir la privacidad de otros es muy dañino y nada benéfico. Como sociedad, debemos evitar inmiscuirnos de esta forma en las vidas ajenas… si no vas a ayudar, por lo menos no estorbes.

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Diagnóstico preimplantacional

Si existiera la posibilidad de que pudieras transmitirle una enfermedad fatal a tus hijos, ¿qué harías? Muchas personas eligen no tener hijos y algunas llegan al punto de someterse a una histerectomía o vasectomía para asegurarse que esto no llegue a pasar. Otras eligen usar la tecnología disponible. En este caso, las parejas, que pueden ser perfectamente fértiles, se someten a un tratamiento de fertilización in vitro. A los embriones que se produzcan se les realizan pruebas diagnósticas, llamadas diagnóstico genético preimplantacional, para determinar si tienen el gen en cuestión y se transfieren únicamente los que no lo tengan.

 

Los procedimientos que implica este análisis son el tratamiento médico de la mujer para estimular los ovarios, lo que permite que se ovule más de un ovocito. Luego, se extraen los ovocitos, se fertilizan usando espermatozoides frescos o congelados, y se dejan crecer a los embriones durante tres días. Los embriones comienzan con dos células y se van dividiendo, a los tres días en promedio tienen ocho células. Una o dos de esas células se extraen del embrión, y el código genético se estudia para determinar si el gen en cuestión está presente.

 

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Los casos en que se recomienda este tipo de análisis incluyen edad “avanzada” de la madre (léase más de 35 años), que uno o ambos progenitores sean portadores de un defecto genético, o, también, mujeres que hayan sufrido varios abortos espontáneos donde se haya detectado que la causa de la muerte del embrión o feto fue genética. Las enfermedades genéticas que se pueden detectar por este medio incluyen fibrosis quística, anemia de células falciformes, hemofilia, distrofia muscular, problemas cromosómicos y otras.

 

Entre las ventajas de este proceso está que se puede evitar que se realice una amniocentesis o biopsia de vellosidad coriales de un embrión ya implantado que llevaría a tomar la decisión de abortar o no (en los lugares donde sea permitido). Además, tanto la amniocentesis como la biopsia de vellosidades coriales tienen un cierto riesgo de producir aborto, cosa que también debe tomarse en cuenta. Con el diagnóstico preimplantacional, las parejas en alto riesgo y sobre todo, mujeres que han pasado ya por abortos espontáneos recurrentes pueden iniciar un embarazo sabiendo que tiene mayores posibilidades de ser exitoso. Se reduce el tiempo necesario para tener un bebé sano, lo cual se vuelve más importante para mujeres “añosas”.

 

Los puntos en contra incluyen que se deben necesariamente producir más embriones de los que se implantarán, así que varios embriones se desecharían o se congelarían por tiempo indefinido. Esto, sin embargo, se realiza en varios países aún en el caso de padres completamente libres de enfermedades genéticas y es un punto muy controversial en casi todo el mundo. Y, por otra parte, el diagnóstico no es completamente fiable. Es posible que esas ocho células del embrión no tengan una información genética idéntica, así que es factible que se estudie una célula sin el gen y se deje una célula que sí lo tenga. De hecho se recomienda realizar otro estudio durante el embarazo para determinar que el feto esté efectivamente libre del gen.

 

Este proceso, si bien resulta una maravilla para aquellas personas que tienen un alto riesgo de transmitir una enfermedad fatal, es una caja de Pandora. Por ejemplo, ¿en qué casos se puede decir que es éticamente responsable no permitir que un bebé nazca? ¿Qué pasa con los genes que sólo incrementan el riesgo de padecer cierta enfermedad o trastorno? ¿Qué pasa con aquellas parejas que por razones sociales o personales simplemente quieren poder elegir tener un hijo o una hija? Las asociaciones médicas indican que se deben usar para enfermedades para las cuales no hay cura ni un tratamiento que minimice sus efectos, pero igualmente lo permiten en casos menos severos donde la presencia del gen no “garantiza” que se vaya a padecer equis enfermedad, sino que solamente eleva el riesgo. Además, a falta de lineamientos rígidos, se dan casos de elección de sexo: se estima que de 27,000 análisis que se realizaron a nivel internacional, un 2% fue para elegir el sexo del bebé. Es decir, hay casos de prevención de enfermedades muy severas que causan síntomas devastadores y que producen la muerte tras una agonía dolorosa, pero también puede prestarse a casos que pueden considerarse frívolos.

 

Otras opciones existentes para esas parejas incluyen el adoptar un niño(a), realizar otro tipo de tecnologías reproductivas, como la inseminación artificial con semen de un donador, en caso que el padre sea quien es portador del gen que se quiere evitar; fertilización in vitro con un ovocito de una mujer sin defectos genéticos, cuando la madre es la portadora; o, inclusive, la “adopción” de un embrión que fue producido por parejas con problemas de fertilidad pero no genéticos, y que no fue transferido a la madre biológica.

 

¿Conoces a alguien que haya elegido no tener hijos debido a una enfermedad genética?

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¿Bebé llama a bebé?

Uno de los factores de riesgo para infertilidad en la mujer es la edad, por lo que se pensaría es que si una mujer tuvo dificultades para concebir, digamos a los 34 años,  le sería mucho más difícil a los 36 o 37 años que volviera a intentarlo.

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Sin embargo, información recabada por los Centros para el Control de Enfermedades de EE.UU. muestra que la subfertilidad y la infertilidad sí están relacionadas a la edad, pero sólo en mujeres que no han tenido hijos. Cuando estudiaron a mujeres sin hijos, el porcentaje de mujeres subfértiles o infértiles era mayor a los 40-44 años de edad que a los 25-29. Pero en las mujeres con un hijo o más, el porcentaje en vez de subir, bajó. En cierta forma, esto sugiere que el tener un hijo aumenta la posibilidad de que las mujeres puedan quedar embarazadas, aún a una edad que se consideraría tardía para fines reproductivos. Estos datos consideran la población en general, no sólo mujeres que están llevando o que llevaron un tratamiento.

 

Recientemente se estudió en Australia a mujeres que acababan de tener su primer hijo. Se deseaba ver qué porcentaje de ellas se embarazó por segunda vez, sin tratamiento, dentro de los dos años siguientes al nacimiento del primero. El grupo fue de 198 mujeres que habían concebido su primer hijo de manera espontánea (sin tratamiento) y 142 que habían requerido tratamiento de reproducción asistida. 40% de las mujeres que no habían usado tratamiento en su primer embarazo y 33% de las que habían pasado por tratamiento volvió a embarazarse en esos dos años. No todas lo buscaban o esperaban: fue sorpresivo para 24% de las mujeres que no requirió tratamiento y 61% de las que sí requirieron tratamiento. Uno podría suponer que si el primer embarazo fue difícil de lograr para las mujeres que habían recibido tratamiento de reproducción asistida, ellas pudieron considerar que el segundo sería igualmente difícil de lograr y no utilizaron anticonceptivos o no se cuidaron tanto. Muchas de ellas habían usado técnicas de reproducción asistida por infertilidad idiopática (sin explicación).

 

En Israel se realizó un estudio similar, tomando como base precisamente que después de pasar por tratamientos de fertilidad y haber tenido un hijo, un número importante de parejas logra un segundo embarazo sin necesidad de tratamiento. En este estudio, esto sucedió con 21% de las parejas. Los investigadores lo atribuyeron a que tal vez se está usando reproducción asistida muy pronto, especialmente en lugares donde la pareja corre con un bajo porcentaje de los gastos. Se realizó otro estudio en Inglaterra, en un centro donde no se cobra, pero que tiene un tiempo de espera de hasta 4 años. De las parejas que esperaban, 17.8% logró un embarazo sin tratamiento en menos de un año. En el estudio sugieren que deberían poner 18 meses de espera, lo cual permitiría que las parejas que iban a concebir de manera espontánea lo hagan, sin que las parejas de mayor edad (más de 35 años) que sí tengan sub o infertilidad, tengan que esperar demasiado ya que el tiempo es muy valioso para ese grupo.

 

Otro estudio, en Irlanda, agrupó a las parejas según el tipo de infertilidad que presentaban. A nivel general, tuvieron resultados parecidos a los de Israel : 20% de embarazos espontáneos después haber tenido un hijo mediante técnicas de reproducción asistida. Las mujeres que tenían más posibilidades de embarazarse espontáneamente eran menores a los 35 años (lo cual sería contrario a lo que reportó el Centro de Control de Enfermedades para la población general), tenían endometriosis o no se encontró una causa para la infertilidad. Las parejas que sólo habían usado FIV tuvieron más posibilidades de un segundo embarazo sin tratamientos, que las que habían usado ICSI. (FIV: fertilización in vitro – un ovocito se pone en una caja de Petri, se agregan espermatozoides, y se ponen en condiciones adecuadas para que un espermatozoide penetre al ovocito. ICSI: se elige un espermatozoide y se “inyecta” dentro del ovocito. Generalmente se recomienda en casos difíciles o si la calidad de los espermatozoides es muy baja).

 

Hay varias teorías sobre por qué, después de tener que realizar tratamientos, muchos de ellos invasivos, para poder embarazarse la primera vez, la segunda vez se pueda lograr incluso sin tratamiento alguno. Una es que las mujeres con hijos tengan un estilo de vida más sano y no fumen, por ejemplo; o que si tenían alguna enfermedad de transmisión sexual, ésta haya sido detectada y tratada con medicamentos. Lo mismo sucedería con endometriosis, ya que se ha visto que el embarazo disminuye la severidad de la enfermedad. En los estudios que nombro arriba, una posible explicación es que se recomiende a las parejas usar técnicas de reproducción asistida antes de que sea realmente necesario, es decir, que la pareja no era realmente infértil cuando se sometió a los tratamientos para lograr el primer embarazo. Otra posibilidad es que el nivel de estrés baje después de haber tenido un hijo.  Varios estudios han mostrado que mientras más alto sea el nivel de estrés en la pareja, menor es la posibilidad de lograr un embarazo exitoso. Esto sería más relevante cuando la causa de la infertilidad es incierta, como en el caso de algunos de los estudios sobre los que comenté arriba.

 

¿Conoces a alguien que haya vivido esta experiencia? ¿O que al contrario, no haya podido embarazarse o haya requerido muchos tratamientos con técnicas de reproducción asistida?

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Esas hormonas locas

Normalmente, cuando uno piensa en las hormonas, piensa en las mujeres y sus emociones. Que si en la pubertad, que si cada mes, que si con el embarazo, el postparto o la menopausia… así que vamos conociéndolas.

 

Tres hormonas importantes para la reproducción vienen del colesterol y están muy relacionadas entre sí. El colesterol que comemos es muy importante por lo mismo: si no consumiéramos nada de colesterol, nuestro cuerpo no podría realizar varias funciones cruciales para su existencia (y la de la especie).

 

Brincándonos algunos pasos, del colesterol lo primero que se produce es la progesterona, en las gónadas (ovarios o testículos). De ahí puede pasar a estrógeno o testosterona por dos caminos diferentes, pero el estrógeno también se puede convertir en testosterona y viceversa. Así que tanto hombres como mujeres producimos las mismas hormonas, aunque no en las mismas cantidades y además sí hay variaciones según la etapa de vida, del ciclo menstrual y del embarazo. Además de éstas tres, son también importantes la oxitocina y la prolactina.

 

La progesterona prepara al útero para la implantación y embarazo. La implantación es cuando el embrión llega al útero, se sale de la zona pellucida y penetra en los tejidos del endometrio para después formar el saco vitelino y la placenta. Ahí es cuando muchos investigadores consideran que comienza propiamente el embarazo. La progesterona primero es producida en los ovarios; durante el ciclo menstrual se produce más que nada después de la ovulación (para preparar el endometrio para un posible embarazo) y en el primer tercio del embarazo, pero después se comienza a producir en la placenta (o sea, la produce el feto). Durante la primera parte del ciclo menstrual, antes de la ovulación, su nivel es bajo, igual que después del parto y durante la lactancia.

 

El estrógeno en la mujer sirve para el desarrollo de las características sexuales femeninas, desarrollo de tejido mamario e incrementa el tamaño y contractilidad del útero; éstas dos últimas funciones son importantísimas durante el embarazo y el parto. Además, juegan un papel importante en el metabolismo del calcio y la osificación de los huesos. También se ha visto que niveles altos de estrógeno están relacionados a ciertos tipos de cáncer y posiblemente sea una de las culpables del síndrome premenstrual. Por otra parte, niveles bajos de estrógeno pueden ser causados por problemas glandulares (función deficiente de la pituitaria y ovarios), menopausia, síndrome de ovario poliquístico, anorexia nerviosa o ejercicio excesivo. Durante la menopausia, el bajo nivel de estrógenos puede producir bochornos, sudoración nocturna, resequedad o irritación vaginal, así como pérdida de líbido. También, niveles bajos de estrógeno incrementan el riesgo de enfermedades cardiacas, embolia y osteoporosis. En el hombre, el estrógeno es importante para tener buena calidad espermática, especialmente el número de espermatozoides producidos.

 

La testosterona, como podríamos sospechar por el nombre, se produce en los testículos. En el hombre promueve el desarrollo de las características sexuales secundarias, glándulas sexuales accesorias, estimula la espermatogénesis y tiene actividad anabólica (especialmente crecimiento de músculos) y estimula la líbido. Hace poco, un estudio mostró que los hombres que participan activamente en la crianza de los hijos, tienen niveles más bajos de testosterona que los solteros. En cierta forma, es una medida de su compromiso con la paternidad. En las mujeres (se produce en los ovarios), también estimula la líbido y se usa para producir estrógenos. En exceso, la testosterona en mujeres puede producir infertilidad y está relacionada al síndrome de ovario poliquístico, donde se ve obesidad, crecimiento de vello, acné, ciclos irregulares. Durante la menopausia, el nivel de testosterona baja y se cree que esto causa que la líbido disminuya.

 

La prolactina (que se produce en la pituitaria y en el útero durante el embarazo) juega un papel importante en la producción de leche, ayuda a la formación del tejido mamario, la formación de los receptores de estrógeno (cada hormona necesita un receptor, algo con lo que se “conecta” para poder realizar una acción) y estimula el instinto materno.

 

La oxitocina se produce en el cerebro y produce contracciones musculares, en el tejido mamario para la expulsión de la leche durante la lactancia y en el útero durante las relaciones sexuales y el parto. De hecho, si la primera fase del parto va muy lenta o parece detenerse, la inducción de la labor de parto se hace con oxitocina. En el hombre, se cree que pueda jugar un papel durante la eyaculación. Se está estudiando también su papel en la formación del lazo madre-hijo y de la pareja y se le ha llamado la “hormona del amor”. Un estudio reciente encontró que la oxitocina hacía a los hombres menos propensos a acercarse a una mujer que encuentran atractiva, así que se considera que ayuda a mantener la fidelidad.

 

Los cambios hormonales que ocurren durante la pubertad y la menopausia son muy fuertes y en parte explican los cambios de ánimo de las personas que están en esas etapas. Pero también pueden estar involucradas muchas otras hormonas que no se han estudiado a fondo. En fin, las hormonas nos afectan a hombres y mujeres y tienen efectos más allá de lo estrictamente físico o fisiológico.

 

¿Habían oído sobre el papel de la testosterona en la mujer, de los estrógenos en el hombre y de la oxitocina y los lazos entre parejas y entre padres e hijos? ¡Espero sus comentarios!

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Flaquita, gordita… ¿qué es mejor?

Mucho se habla de que la mujer debe bajar de peso si está un poco pasadita, pero… ¿es realmente necesario? ¿Y qué pasa con las que están flacas?

 

La reproducción es obviamente necesaria para que la especie continúe, pero a la vez, el cuerpo de la mujer tiene que tener un nivel de energía y nutrientes que pueda soportar un embarazo. Las atletas y bailarinas que, además de tener un bajo peso, queman mucha energía, muchas veces ni siquiera tienen ciclos menstruales. O sea, su cuerpo está normalmente bajo tal estrés que no puede darse el lujo de desviar nada hacia otro organismo. La reproducción puede estar peleada con la sobrevivencia de la persona, digamos.

 

Un dato curioso es que también el estrés crónico puede afectar el sexo de los hijos. Normalmente nacen aproximadamente 103-107 niños por cada 100 niñas; ya para la edad adulta la proporción es casi 1:1 porque la mortalidad infantil es mayor en el caso de los niños. En épocas de hambruna o guerras, la diferencia entre niños y niñas al nacimiento es menor. Lo mismo se ha visto en poblaciones con desventajas económicas y sociales (por ejemplo en afroamericanos en comparación a descendientes de europeos en EEUU). La teoría que se ha propuesto es que para la sobrevivencia de la especie, se requieren más niñas que niños. Que yo sepa, nadie ha estudiado específicamente si el peso de la madre (sin importar su nacionalidad o estatus económico/social) influye en el sexo de los hijos, pero lo que sí se ha demostrado es que mujeres con muy bajo peso, en caso de que sí estén teniendo ciclos, no tienen ciclos regulares y no ovulan en todos. Así que su posibilidad de quedar embarazadas es más baja.

 

Otro problema que pueden enfrentar las mujeres muy delgadas es tener un bebé con bajo peso al nacimiento o prematuro; ambas cosas hacen que ese bebé tenga más riesgo de padecer enfermedades y problemas de desarrollo. Por otro lado, si una mujer está ligeramente pasada de peso, tiene más posibilidades de quedar embarazada. Pero si tiene muchos kilos de más, tendrá un embarazo con más riesgos. Es más probable que tenga hipertensión arterial, preclamsia o diabetes gestacional, que los bebés sean excesivamente grandes al nacer, que tengan enfermedades congénitas y que tengan más probabilidades de padecer diabetes cuando sean adultos. En parte por esto, hay diferentes recomendaciones para la ganancia de peso durante el embarazo, dependiendo del peso que tenían antes de embarazarse. Una mujer muy delgada (índice de masa corporal menor a 18.5) debería subir unos 13-18 kilos durante el embarazo, mientras que una mujer obesa (con un índice de 30 o mayor) no debería subir más de 9 kilos.

 

Lo ideal, para tener mayor probabilidad de que el embarazo y los hijos sean sanos, sería planear bien antes de buscar embarazarse, para obtener un índice de masa corporal normal (entre 20 y 24.9). Además, tomar multivitaminas que contengan ácido fólico, dejar de fumar si lo hace y evitar estar cerca de fumadores, dejar de tomar alcohol y vacunarse contra rubeola y varicela, si no lo ha hecho. Es también importante espaciar los embarazos. La Organización Mundial de la Salud recomienda dejar pasar por lo menos 24 meses entre un parto y el siguiente embarazo (o sea, que los hijos se lleven 2 años y 9 meses como mínimo). En EEUU la recomendación es de 18 meses (una diferencia de edades de 2 años y 3 meses). Lo máximo recomendable son 59 meses (un poquito menos que cinco años). La carencia de ácido fólico incrementa las posibilidades de que un bebé padezca espalda bífida y otros trastornos, incluyendo el autismo. El fumar, tomar alcohol (sobre todo en exceso), enfermedades como rubeola y varicela, un periodo entre embarazos corto, entre otros factores, pueden afectar al bebé, teniendo consecuencias como bebés prematuros o de bajo peso, enfermedades congénitas, abortos, muerte al nacimiento, etc.

 

Y otro detalle a tomar en cuenta: la edad óptima para embarazarse, reproductivamente hablando, es entre los 20 y los 24. Es cuando la mujer es más fértil y cuando hay menos posibilidades de abortos espontáneos y de tener hijos con trastornos genéticos o problemas al nacimiento o del desarrollo. Entre los 30 y los 34, comienza a disminuir la fertilidad de manera gradual. Empezando a los 35, la fertilidad comienza a disminuir considerablemente y hay mayores posibilidades de padecer hipertensión y diabetes gestacional. Se incrementan además las posibilidades de abortos espontáneos y de padecimientos congénitos en el bebé. El momento para comenzar a pensar en cuándo embarazarse no es a los 40, sino cuando la mujer es mucho más joven. Aun cuando la mujer sea soltera, no tenga novio, tenga deseos de estudiar y ejercer una profesión… es mejor prevenir.

 

Y tú, ¿ya has pensado en cuándo quisieras embarazarte o que tu pareja se embarazara? Si ya han tenido hijos, ¿qué edad tenía la mujer cuando quedó embarazada? ¿Cómo fue su experiencia?

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¿Cómo llegan los espermatozoides al óvulo?

¿Se han puesto a pensar cómo llega un espermatozoide hasta el óvulo? Es un camino largo y tortuoso, lleno de retos y dificultades. Al principio, durante el coito, los espermatozoides son depositados en la entrada del cérvix, pero todavía dentro de la vagina. Al momento de la eyaculación, se forma un coágulo con el semen y espermatozoides, que se cree que sirve para proteger a los espermatozoides del pH ácido que tiene la vagina (para matar bacterias y demás patógenos) y también de las células blancas, que de otra forma los pudieran fagocitar. Ese coágulo, en medio ambiente normal, se licuefacciona (se hace líquido) en aproximadamente una hora.

 

Algunos espermatozoides comienzan a salir del coágulo antes de que termine la licuefacción y entran al cérvix. El cérvix es la primera prueba para los espermatozoides, porque a pesar de parecer un simple cilindro, en realidad está lleno de pequeños canales con cilias (tipo vellos, pero microscópicas) que hacen que el líquido que hay en el cérvix, que es un tipo de moco muy viscoso, fluya hacia fuera; y además también ahí  hay células blancas.

 

Entrando al útero, ya menos espermatozoides porque algunos no lograron pasar por el cérvix, ya sea porque no podían moverse bien, tenían alguna deformidad, etc., siguen teniendo el peligro de las células blancas. Tienen que dirigirse hacia la trompa de Falopio correcta, es decir, la que esté más cercana al ovario de donde salió el óvulo.

 

La entrada a la trompa de Falopio, la unión utero-tubal, también representa un reto para los espermatozoides, similar al cérvix. En cuanto llegan a la trompa de Falopio, los espermatozoides tienen que poder hacer dos cosas: una, “pegarse” a las paredes de la trompa (la “piel” o epitelio); se ha visto que los espermatozoides que sí pueden pegarse viven más tiempo, manteniendo su motilidad, que es necesaria para seguir el camino y penetrar al óvulo, y tienen mejor calidad que los que no se pueden “pegar”. (Nota: esto se ha estudiado ampliamente en animales, pero no se ha podido determinar si en el humano sí se “estacionan” los espermatozoides para esperar la ovulación, o no. Los estudios en humanos son muy complicados por muchas razones éticas y logísticas). Aparte, tienen que pasar por un proceso que se llama capacitación. Aunque lleva estudiándose este proceso unos 40 años, todavía no se entiende por completo. Sí se sabe que la capacitación tarda varias horas y que es imprescindible que un espermatozoide esté capacitado para poder fertilizar.

 

Así que entre los que se mueren en el camino, los que tienen defectos fuertes (como dos colas, cabezas muy grandes o muy pequeñas, entre otros), los no pudieron moverse con suficiente eficiencia para llegar hasta la trompa, los  que no se pueden pegar, los que no se capacitan, los que fagocitan las células blancas, etc., finalmente en el sitio donde se realiza la fertilización, que está en la parte superior de la trompa de Falopio, sólo hay 1-2 espermatozoides por cada óvulo. Se considera que hay decenas que pueden llegar hasta las trompas, pegarse y capacitarse, pero lo hacen a diferente ritmo, así que algunos ya habrán muerto para cuando sucede la ovulación y otros no estarán preparados todavía.

 

Se cree que el hecho de que sea una población tan variada es una respuesta evolucionaria, dado que no es posible que el hombre sepa con seguridad en qué momento ovulará la mujer, así que de esta forma el grupo total de espermatozoides está diseñado para asegurar el mayor porcentaje de éxito (embarazos).

 

El estudio del viaje de los espermatozoides dentro del cuerpo femenino para poder fertilizar y qué cualidades deben tener es fascinante y es el tema al que se dedican muchos investigadores (entre ellos yo). Por ejemplo, imagínense ¿cómo es posible que no se pierdan en el camino? Se cree que es posible que los espermatozoides reciban un mensaje químico (que podría ser progesterona, por ejemplo) o térmico (se ha medido que la parte superior de la trompa de Falopio es ligeramente más caliente) o la dirección misma del flujo del moco, u otro tipo de mensaje, y que responden moviéndose en la dirección de donde se origina ese mensaje.

 

También es impresionante su camino, por la longitud que deben atravesar. Haciendo cálculos simples y simplificando muuucho, estamos hablando de que un espermatozoide mide, con todo y cola, unas 100 micras. Eso es 0.0001 centímetros. Si sumamos todo el trayecto que deben andar… cérvix, unos 3.5 centímetros; útero, 7.9 centímetros (de cérvix a unión útero-tubal); trompa de Falopio, 8 centímetros (total son 10; la fertilización se realiza en la parte superior, pero no hasta el final). En total son 19.4 centímetros, o sea, 194,000 veces el largo total del espermatozoide. Se ha medido la velocidad de los espermatozoides en un medio líquido, no viscoso como el del tracto, y es de unas 100 micras por segundo. Esto equivale a 0.36 cm/h. O sea, llegar al sitio de fertilización les llevaría alrededor de unas 54 horas.

 

El espermatozoide tiene ayuda: las cilias de la parte inferior de la trompa de Falopio se mueven de manera que haya flujo hacia arriba, y en el tracto hay contracciones de la capa muscular, que también ayudan a que suban. Sin embargo, tienen que tener un movimiento excelente para poder atravesar ciertas áreas, como el cérvix y la unión útero-tubal; tienen que poder esquivar a las células blancas, no ser expulsados por el flujo del moco que va hacia fuera del cuerpo, etc.

 

¡No es nada fácil! Además de poder llegar al lugar indicado (la parte superior de las trompas de Falopio), debe hacerlo al mismo tiempo que el óvulo, porque si éste “envejece” (lo que sucede en cuestión de horas), aunque un espermatozoide logre entrar al óvulo, la fertilización no es exitosa o el embrión muere pronto. También es más probable que dos o más espermatozoides entren al mismo tiempo, lo cual significa la muerte para este posible embrión.

 

Finalmente, una cosa es llegar al óvulo y la otra, poder penetrarlo para que se fusionen los núcleos. El óvulo está cubierto por células y rodeado por la zona pellucida; el espermatozoide tiene que pasar por otro proceso, que se llama reacción acrosomal, que hace que se liberen ciertas sustancias que le permiten entrar. El proceso de fusión nuclear lleva muchos pasos y dura también bastante tiempo; hay muchos factores que pueden fallar, de manera que en la práctica, se considera que la fertilización fue exitosa en base a los embriones que se puedan ver, no en que el óvulo haya sido penetrado.

 

La posibilidad de embarazo con excelentes espermatozoides, cuando el coito se realizó el día de la ovulación (o un par de días antes) y con la música más romántica que quieran imaginarse, es de un 30%. De ahí va bajando hasta casi cero. Se han hecho estimaciones de que un coito al azar tiene una posibilidad de éxito (embarazo) de 1.5-3%. Es importante añadir que el estrés intenso y de corta duración incrementa la posibilidad de embarazo: en casos de violación se ha visto una tasa de 5% de embarazos. Estrés continuo, por otro lado, baja la fertilidad. Ese estrés continuo puede ser malnutrición, enfermedad, demasiado esfuerzo por parte del cuerpo, etc.

 

Obviamente si uno desea tener un hijo pronto, 1.5-3% por cada coito suena bastante bajo… y si lo que quieres es no tenerlo, suena bastante alto… como todo, esto depende del cristal con que se mira. Esta fue una de las razones por las que inicié esta página, para que todos tuvieran acceso al punto de vista biológico y de ahí cada quien puede tomar las decisiones que desee.

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